La huerta urbana: un espacio productivo entre concreto

ISER fue a la huerta de los vecinos del edificio de El Monte Sur en mediados de noviembre. Esta es la primera entrada de la serie “Las Huertas Hablan” en donde damos revista al movimiento de agricultura urbana, sostenible y ambientalmente consciente. Tocaremos temas y cuestiones asociadas a la seguridad alimentaria en Puerto Rico y la región del Caribe. En el 2014 visitaremos más huertas, fincas orgánicas y definitivamente estaremos visitando a nuestros amigos en El Monte Sur. 


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Un poco antes de las 12 del medio día llegamos a Hato Rey. Hato Rey se caracteriza por ser el centro bancario y comercial del municipio de San Juan en Puerto Rico. Es una zona altamente desarrollada, permanentemente sumergida en concreto y asfalto. Su tráfico es pesado y la gente marcha a un paso acelerado. Hato Rey se entiende como un centro de consumo, en donde hay muy poca producción en sus espacios grises. Sin embargo, entre los bancos comerciales, parques y casas, se encuentra el edificio El Monte Sur. El edificio tiene una arquitectura muy peculiar. Su diseño curvo se asemeja a un letra “C” y con su edificio gemelo, El Monte Norte situado de manera inversa, los dos forman una “S” en la fisiografía urbana. 

Entre las paredes curvas de El Monte Sur, escondida detrás de las canchas de tenis y adyacente a la piscina del complejo, hay un espacio productivo. Un espacio fácilmente olvidado, el cual solo los trabajadores de mantenimiento lo miraban cuando iban a desyerbar y pasar el 'trimmer'. Sin embargo, hace aproximadamente tres años, un grupo de vecinos de El Monte Sur tomaron la iniciativa de convertir ese espacio olvidado en un espacio productivo. Los vecinos concentraron sus energía en convertirlo en un espacio agrícola entre el concreto urbano, crearon un espacio de convergencia comunitaria, usaron el espacio para crear una huerta. 

Cuando llegamos a la huerta había un grupo de 5 o 6 personas haciendo diferentes tareas. Unos sembraban, unos removían tierra con piquetas, azadones, palas, y otros podaban las plantas. Todos estaban activos, sonriendo sudando la gota gorda, pero satisfechos. Al asomar nuestras caras y bajar las escaleras hacia la huerta, Brenda, nuestra contacto en El Monte Sur nos recibió con un abrazo fuerte y enfangado. El fango en su camisa y pantalones era el tributo al trabajo en la huerta y la señal de satisfacción de un día bueno de trabajo. Nuestra visita a la huerta se desarrollo entre preguntas y las oscilaciones del pico y la pala. El grupo rápidamente nos sumergió en el trabajo, lo cual se ameritaba, pues estábamos en un área de trabajo activo y no podíamos quedarnos preguntando y cruzados de brazos. Mientras trabajamos con los huerteros de El Monte, hablamos de varios temas como la seguridad alimentaria, la dependencia de la agricultura industrial a los combustibles fósiles, los pobreza alimentaria y otros temas relacionados a la agricultura y la comida. Durante nuestra visita a la huerta ayudamos a abrir tierra para crear otra parcela donde se sembrarían tomates y culantro. Ayudamos a Nora con su parcela que estaba muy húmeda, pues es la parcela que menos recibe sol en la huerta y su suelo es arcilloso el cual retiene mucho agua. Le sugerimos a Nora que le añadiera un poco de arena de rio a su parcela, pues eso ayudaría aumentar la porosidad del suelo. Al aumentar la porosidad del suelo, esto aumentaría la percolación del agua en su parcela lo que resultaría en un suelo menos húmedo. 

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La huerta de El Monte Sur es muy variada, tiene tomates, zanahorias, pimiento, lechugas y otras especias aromáticas. Entre la diversidad de productos encontramos que tenían varios cultivos farináceos como malanga, yuca, yautía y también tenían plátanos. Lo más impresionante para nosotros fue encontrar entre paredes y una piscina este espacio florecido, en plena producción agrícola nutrido por un grupo de persona muy entusiasmados, colaborando en las diferentes tareas. El grupo compartió con nosotros varias estrategias que utilizan para combatir la plagas que les afectan. Por ejemplo, nos contaron como usan plantas aromáticas como el limoncillo, el coleo y güentos caseros para alejar diferentes insectos y parásitos. 

No conocemos en detalle las razones o motivaciones que sirvieron como bases para concebir la huerta. Puede ser que los vecinos de El Monte Sur querían tomar control de lo que ingerían, quizás querían tomates frescos que fuesen sabrosos y saludables, quizás querían un espacio para relajarse después de un día de trabajo largo, quizás querían un espacio en donde escaparse del día a día y sentir la tierra entre sus manos y bajo sus pies. Lo que sí sabemos es que nos sorprendió mucho la calidad del suelo de la huerta, muy bueno considerando su localización. Nos sorprendió la gran cantidad de frutas y vegetales que están cultivando en un espacio relativamente pequeño. De paso, la buena calidad del suelo nos hizo contemplar que si los vecinos de El Monte Sur podían cultivar un espacio limitado y ser tan productivo, entonces otras huerta podían ser desarrolladas en espacios públicos y en otros edificios del área. Este experimento social en los espacios comunes de un edificio en el centro de la ciudad capital sirve de modelo vivo para otras comunidades. Se pueden convertir espacios urbanos derelictos y olvidados en espacios productivos y comunitarios, solo toma un poco de esfuerzo, cariño y unos vecinos con el cual compartir. Visitar la huerta fue una tremenda experiencia. El cariño y el cálido recibimiento fue instantáneo. Les deseamos éxito a nuestros amigos en El Monte Sur. ISER continuará compartiendo con el grupo de la huerta de El Monte Sur y buscando otras huertas y fincas orgánicas las cuales visitar para dar publicidad y espacio de prensa a los esfuerzos que se están llevando a cabo para cambiar el paradigma agrícola en Puerto Rico. ¡Nos veremos en el 2014!

Braulio QuinteroComment